GRAFICA

CHILLIDA, Eduardo

San Sebastián, 1924 – 2002

En Chillida todo parece girar en torno a la dualidad espacio/no espacio. Como escultor, se debate en ello como el músico con los sonidos y el silencio. Enamorado de lo metafísico, dota a sus esculturas de un significado cercano a lo espiritual. En este sentido el grabado no tiene secretos para él, puesto que no deja de ser un juego con volúmenes y espacios.

Aunque empezó a trabajar con obras figurativas, en 1951 comienza a crear esculturas no vinculadas con la imitación de la naturaleza, ya que su trabajo se centró en la forja de hierro y le llevó a un camino de abstracción que mantendría a lo largo de su vida.

En 1957 el universo Chillida ya tiene un sello estético, reconocido internacionalmente, basado en su personal combinación de curvas y rectas. Recibió, además, una gran influencia del arte japonés, de la tradición cultural vasca y de las estelas funerarias, lo que dotó a su obra de una interesante conceptualización.

A partir de los años 80 comienza su ejecución de grandes obras monumentales (incluida Elogio del Viento, obra perteneciente a la Colección ENAIRE de Arte Contemporáneo instalada en el aeropuerto de Bilbao) hasta su fallecimiento.

Conocido en todo el mundo principalmente por sus esculturas, hacia 1960 Chillida comienza a trabajar otras técnicas como la xilografía, la litografía, la serigrafía o el aguafuerte. En estas obras puede percibirse cierto paralelismo formal y conceptual con sus esculturas. Con el paso de los años, la obra gráfica de Chillida ha adquirido una gran relevancia.

Banatu II, 1971
Aguafuerte

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