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REVISTA ENARTE #6, Arte contemporáneo
Museos de arte contemporáneo: lugares con vocación

Museos de arte contemporáneo: lugares con vocación



Por Itxu Díaz

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Cuando la cultura y el arte contemporáneo descubren una nueva vocación en los rincones olvidados de la gran ciudad

 

La Mujer ante el espejo de Julio González, epítome de la abstracción de entreguerras, bien podría representar la fuerza del surgimiento del arte contemporáneo español. Lo hace en el IVAM de Valencia, atrapando al espectador con su mágica soldadura autógena del hierro. Un museo, el valenciano, que es hoy referente europeo, como el MACBA de Barcelona, la Fundación Gala-Salvador Dalí de Figueras, el Guggenheim de Bilbao, el Reina Sofía en Madrid, o tantos otros que se extienden por nuestra geografía, dando a España un atractivo museístico de nuevo cuño, que se suma gustosamente a su patrimonio cultural. Y sin embargo, no podríamos comprender esta explosión de vanguardia, si no atendiéramos a fenómenos menores que reflejan bien la inquietud que ha caracterizado al mundo artístico español y el entusiasmo con que nuestro público ha acogido la innovación moderna y contemporánea.

Viajando hasta el origen, hacia el núcleo de esta pulsión museística, nos encontramos con el MACE de Ibiza, primer museo de arte contemporáneo de España, aunque con carácter no oficial por su condición de semiprivado, inaugurado en 1969. Alberga colecciones plásticas del talento que surgió en los 60 en la isla, pero también obras de nuestras banderas, Tàpies y Miralles, así como una significativa muestra de grabados.

Pocos años después de la inauguración del MACE se produjo un hecho significativo para la proliferación de los espacios dedicados a la nueva cultura en nuestras ciudades. Cuando Ramón Guardiola, alcalde de Figueras desde 1960, le pidió a Dalí una obra para el nuevo museo construido sobre los restos del Teatro Principal, el genio le sorprendió: no donaría una sino las suficientes como para llenar el museo. Surgió así Teatro-Museo Dalí, que abrió sus puertas en 1974 y que cada año mantiene su posición como uno de los cinco museos más visitados de España.

Teatre Museu Dali
Teatre Museu Dali
Imágenes cortesía Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres, 2019.

Una historia de amor

La donación, la pasión de compartir la experiencia creativa, la propia y la ajena, está en el origen de muchas de las iniciativas culturales españolas que hoy pugnan en lo alto de los rankings de prestigio. Una historia arquetípica la encontramos entrecruzada en la biografía del artista Wolf Vostell. Cuando viajó a España en 1958 para empaparse del arte del Museo del Prado, y de Guadalupe, en Cáceres, su obsesión era alimentarse en el estudio de la obra de Zurbarán.

En abril del 58, más allá de Zurbarán, Volstell conoció a la extremeña Mercedes Guardado y en enero del año siguiente, en la ciudad vieja de Cáceres, el artista alemán y la maestra española contrajeron un matrimonio que, si bien fue decisivo en lo personal, lo fue también en lo artístico para la ciudad y su vida cultural.

Lo contemporáneo adquiere en España la extraordinaria capacidad de acoplarse al entorno, rural, natural o urbano, transformando y engrandeciendo el paisaje hacia una gran experiencia artística, enriquecedora y canalizadora de la cultura española

El triángulo y el epicentro

El Madrid de los Museos estaría huérfano sin el Reina Sofía. Vértice sur del Triángulo del Arte de la capital, completa la metáfora arquitectónica incontestable que conserva tras sus muros junto al Prado y al Thyssen-Bornemisza. Siglos y corrientes, disciplinas y talentos, grandes y pequeñas historias de ayer, aún vivas, y actuales, con el temblor de la última vanguardia, de la muestra que aún está por reunir, de las obras que aún están por culminar. Y sin embargo, no hace tanto que este lugar donde late el alma de Miró, de Picasso y de Buñuel no acogía más que a médicos y enfermos como Hospital General de Madrid, más tarde llamado Hospital Provincial; un edificio que en 1750 proyectó por encargo del rey Fernando VI uno de los grandes arquitectos del XVIII, José de Hermosilla.

Edificio Sabatini Museo Reina Sofía Madrid

El malditismo y una cierta sombra siniestra que persigue el alma artística parece asomar en las vicisitudes arquitectónicas y financieras que acompañaron al desarrollo del recinto que albergaría primero el hospital y más tarde el museo. La obra de Hermosilla solo llegó a iniciarse, el propio arquitecto fue apartado del proyecto y sustituido por Francesco Sabatini al frente de la construcción, aunque su muerte detuvo finalmente la obra. Paradojas de la Historia: como homenaje, el edificio porta hoy el nombre de Edificio Sabatini.

Los historiadores cuentan que el proyecto se truncó por falta de financiación pero en la modificación del magno plan inicial influyó la evolución de las teorías sanitarias en la segunda mitad del siglo XIX. La nueva tendencia sanitaria iba en contra de los grandes recintos hospitalarios, mientras que primaban la construcción de numerosos centros de menor tamaño, algo que hundió definitivamente lo proyectado por Hermosilla.

Por supuesto, la historia del edificio no culmina ahí. Medio siglo más tarde de encallar, sufrió una nueva transformación, con la construcción de dos nuevas plantas sobre las crujías de la fachada principal y una sobre los otros lados del edificio. Nuevas reformas marcaron el devenir de su historia hasta 1968, cuando la nueva organización política sanitaria de Madrid dejó al viejo hospital sin funciones, quedando el edificio al albur del abandono y el tiempo.

El deterioro de la edificación fue tan notable que, en el epicentro del Madrid cultural que se despliega a sus espaldas, donde primaban tertulias literarias y cenáculos de vanguardia, era habitual que los parroquianos lamentasen la caída en desgracia de un inmueble que parecía haber cumplido su misión, abocado a la hora en que alguien decidiera su demolición. Esa hora nunca llegó, a pesar de que 1969 un estudio municipal recomendó su derribo, cotejando el valor de los terrenos que ocupaba con el significado arquitectónico que atesoraba.

Patio Edificio Nouvel Museo Reina Sofía

Contra este informe se alzó otro del inolvidable Fernando Chueca Goitia, que junto a otros especialistas solicitó la declaración del Hospital Provincial como Monumento-Histórico Artístico. Si bien estas acciones descartaron su inminente demolición gracias a la protección oficial del edificio, su salvación no se consolidó hasta 1976, cuando fue adquirido por el Ministerio de Educación para transformarlo en un centro cultural, cuyas pretensiones fueron aumentando muy por encima de la realidad artística que ofrecía la vida real del lugar a finales de los 80, cuando comenzó a acoger exposiciones temporales.

Al viejo hospital provincial le llegaría su Edad de Oro cuando menos podía esperarse. En 1988 un Real Decreto lo transformó en museo estatal bajo la denominación de Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y en 1992 abrió sus puertas a los visitantes por vez primera tras las reformas, albergando fondos del Museo Español de Arte Contemporáneo e iniciando una intensa política de compras y préstamos con la intención de que su colección permanente fuera un referente de las vanguardias artísticas capaz de competir con las corrientes museísticas internacionales del momento. Con el reconocimiento alcanzado y la evolución más que satisfactoria del museo, el Reina Sofía dio un paso trascendental en 2001 inaugurando la ampliación proyectada por el arquitecto Jean Nouvel que permitió un 60% más de espacio para su vida artística.

La historia del Reina Sofía marcó un camino a seguir: la proliferación de proyectos para la recuperación de espacios abandonados y su reconversión en contenedores de arte

Acopio de edificios para el arte

La historia del Reina Sofía marcó un camino a seguir: la proliferación de proyectos para la recuperación de espacios abandonados y su reconversión en contenedores de arte. En el desarrollo de estos proyectos interviene a menudo el deseo de personalidades privadas -e instituciones públicas- de conservar la obra de un determinado autor, cerca del lugar al que pertenece o de la localidad que lo ha adoptado. Es el caso del Centro José Guerrero, cuyo edificio en la granadina calle Oficios fue antes una imprenta y la sede administrativa del diario Patria.

Centro José Guerrero en Granada
Centro José Guerrero, Granada
Arco de la Libertad en Caserío Zabalaga
Detalle del Arco de la libertad (acero corten, 1993) ante el caserío Zabalaga, siglo
XVI,©Zabalaga Leku. San Sebastián, VEGAP, 2019. Sucesión de Eduardo Chillida y Hauser & Wirth. Foto: Íñigo Santiago.

La compra del edificio por parte de la Diputación de Granda a mediados de los 80 posibilitó su reconversión en espacio museístico destinado a conservar la obra del pintor granadino. La rehabilitación, obra conjunta del arquitecto Antonio Jiménez Torrecillas y el artista de la Escuela Conquense Gustavo Torner, parece planeada a la medida de la vocación del centro, que es tanto la investigación y promoción de la obra de Guerrero como la acogida de diferentes y cambiantes exposiciones de arte contemporáneo.

El mismo año, y con el cambio de siglo, el incomparable escultor Eduardo Chillida protagoniza e impulsa el museo Chillida-Leku en el caserío de Zabalaga en Hernani. Hoy el lugar se presenta a los visitantes con una frase del artista que define bien el espíritu y génesis de la corriente de arte abstracto que continua –tras Julio González y Picasso- y lidera: “Moderno como las olas, antiguo como el mar”.

Entre las particularidades que hacen del Chillida-Leku un museo tan especial destaca el hecho que se trata de uno de los pocos diseñados y constituidos íntegramente por el propio artista para la exposición y conservación de su obra. El lugar, explican desde el recinto, ha sido concebido en sí mismo como “una gran obra de arte” que fusiona “de manera natural” el “arte y la naturaleza”. Era un viejo sueño confesado por el propio artista: “Un día soñé una utopía: encontrar un espacio donde pudieran descansar mis esculturas y la gente caminara entre ellas como por un bosque”. Aunque la crisis económica forzó su cierre en 2010, tras su reapertura en 2019, el Chillida-Leku ha sido elegido por la revista Time como uno de los mejores lugares del mundo para visitar.

En la calle del Príncipe, en Vigo, desde el 2002 se levanta el Museo de Arte Contemporáneo. Una vez más el proyecto de rehabilitación de un viejo edificio en desuso fue la raíz de una oportunidad de promoción cultural y de enriquecimiento del atractivo artístico de toda la ciudad. El lugar elegido fue un singular edificio de 1880 concebido por el arquitecto José María Ortiz Sánchez como una cárcel, que finalmente fue más allá, convirtiéndose en Palacio de Justicia, con juzgados, prisiones, y habitaciones para los guardianes.

El proyecto de rehabilitación de un viejo edificio en desuso fue una oportunidad de promoción cultural y de enriquecimiento del atractivo artístico de toda la ciudad

Una de las corrientes museísticas más interesantes a las que se dedican los responsables de estos centros de arte reubicados sobre inmuebles destinados a otros usos, está la de investigar la propia historia del lugar y su relación con la ciudad que lo acoge. Lo veremos en el CaixaForum Barcelona pero también en Vigo, donde pusieron en marcha la muestra Documentando o Marco con resultados extraordinarios gracias a la colaboración ciudadana en la recuperación de la memoria del lugar. Así, Mario, uno de los vecinos participantes, aportó fotografías inéditas del lugar en el que vivió y la historia de su abuelo, jefe de prisiones. Nunca ha logrado olvidar el sonido del hierro contra los barrotes en la ronda de seguridad que su abuelo hacía cada noche por las celdas.

En una historia que parece seguir el guion del edificio del Reina Sofía, en 1990 el edificio panóptico de la calle del Príncipe fue declarado Bien de Interés Cultural por el empeño de un grupo de arquitectos que logró así evitar su demolición, que ya estaba prevista por el Ayuntamiento. A mediados de los 90 fue rehabilitado e inaugurado en 2002 con el objetivo de promover las inquietudes artísticas contemporáneas, gestionado por la Fundación MARCO del Ayuntamiento de Vigo, Caixanova, la Xunta de Galicia y la Diputación provincial de Pontevedra; desde el 2006 el Ministerio de Cultura está integrado en su Patronato.

Tras esta corriente de recuperación de edificios emblemáticos y reconversión en museos, a veces es la desgracia quien impulsa el cambio. En 1911 un enorme incendio destruyó la industria textil Casaramona en la calle Riereta, en el barrio barcelonés del Raval. El dueño, Casimir Casaramona y Puigcercós, no se arredró por el suceso y dio un paso al frente decidiendo reunir en un solo lugar todas sus fábricas y encargando un nuevo edificio en Montjuic a uno de los padres del modernismo catalán, Josep Puig i Cadafalch. El edificio, que contaba con multitud de innovaciones arquitectónicas para la época, fue inaugurado en 1913, aunque la empresa quebró definitivamente pocos años después, tras la muerte del patriarca de la familia y los diferentes conflictos laborales.

CaixaForum Barcelona

CaixaForum Barcelona. Árbol Isozaki.

El templo industrial Casaramona fue empleado como almacén en la Exposición Internacional de Barcelona en 1929, aunque su incierto destino tocó fondo a partir de 1940, cuando sirvió para alojar las caballerizas y el parque móvil de la policía, ocasionándole mayor deterioro pero evitando, al tiempo, que quedara en completo abandono. Sin embargo, como en los casos precedentes, fue declarado Monumento Histórico Artístico de Interés Nacional en 1972. Años antes otro hecho decisivo había pasado desapercibido: la Caixa había comprado el edificio en 1963.

A finales del siglo pasado, se sucedieron las propuestas de arquitectos y los planes del ayuntamiento para este edificio. Todas frustradas. La mayoría ya contemplaban la posibilidad de que se convirtiera en la sede de instituciones culturales como el Museo de Artes Decorativas Folch i Torres o el Museo de Arte Moderno de Barcelona, que no en vano custodiaba la maqueta del Edificio Casaramona. Fue finalmente el plan de restauración de La Caixa iniciado a mediados de los 90 el que salvó al edificio, con el propósito de convertirlo en el CaixaForum Barcelona. En las obras se puso especial cuidado para recuperar el aspecto externo original, así como en actuaciones clave para la nueva vocación del espacio, entre ellas, la adaptación de los talleres de la fábrica como salas de exposiciones.

Los arquitectos Francisco Javier Asarta, Roberto Luna y Robert Brufau intervinieron en el desarrollo del proyecto, siendo el japonés Arata Isozaki el encargado de idear la integración del exterior con el vestíbulo central mediante un gran patio inglés. Isozaki lo concibió como un tributo al pabellón alemán que se levanta enfrente y que fue diseñado por Mies van Der Rohe para la Exposición internacional del 29.

Al analizar la integración de edificios históricos como contenedores culturales en el corazón de una urbe, el ejemplo de CaixaForum marcará un antes y un después

En 2002 abrió en este lugar el primer CaixaForum de España. Un lugar que actúa como un corazón cultural, bombeando creaciones, formación, debate e inquietud artística por todos sus costados, y permitiendo atraer al corazón de Barcelona obras de gran prestigio internacional gracias a sus acuerdos de colaboración con instituciones como Museo de Louvre o el British Museum.

Al analizar la integración de edificios históricos como contenedores culturales en el corazón de una urbe, el ejemplo de CaixaForum marcará un antes y un después, siendo tan importante para sus impulsores el proyecto artístico de la fundación como la propia obra arquitectónica, que se muestra a los visitantes en visita guiada junto a un mediador que desvela los secretos de la antigua fábrica y detalla el proceso de transformación en lo que es actualmente.

Integrar en libertad lo de ayer y lo de mañana

Fundaciones y entidades bancarias han contribuido a la recuperación de edificios para destinarlos al arte, a veces empleando sus propias sedes como punto de partida. Es el caso del Centro Cultural Memoria de Andalucía instalado sobre El Cubo, sede central de Caja Granada, obra realizada en 2001 por el mismo que haría su adaptación en museo en 2009, Alberto Campo Baeza, respetando la continuidad formal del proyecto. El arquitecto trató de sintetizar toda la obra en el esmero de su patio interior donde conviven una arquitectura moderna y materiales y tecnologías de nuestro tiempo con sutiles guiños a la tradición histórica granadina. No habría podido convertirse en un lugar tan emblemático, según el propio Campo Baeza, de no haber tenido esa ubicación alejada del centro histórico de la ciudad, que le permitió un ejercicio de talento, creatividad y libertad reconocido hoy dentro y fuera de nuestras fronteras.

Sala de exposiciones Centro Cultural Memoria de Andalucía
Patio Elíptico Centro Cultural Memoria Andalucía
Museo Universidad de Navarra de Rafael Moneo
Museo Universidad de Navarra. Rafael Moneo.

Esa misma libertad pudo ejercerla el célebre Rafael Moneo en el ambicioso proyecto del Museo Universidad de Navarra. La institución tiene su origen en la donación a la universidad de la colección de arte contemporáneo de la navarra María Josefa Huarte Beamunt. Moneo, único español ganador del Premio Pritzker, “quiso dar un toque de abstracción en consonancia con la estética de artistas como Antoni Tàpies o Pablo Palazuelo y las obras de arte contemporáneo” del edificio, según explica la propia institución. Está ubicado en el valle entre dos colinas del campus y se integra originalmente en el entorno uniéndolas. Abierto desde 2015, conserva obras de la segunda mitad del siglo XX de artistas como Picasso, Chillida, Tàpies, Jorge Oteiza, Pablo Palazuelo o Mark Rothko.

Patio Herreriano Valladolid

Patio Herreriano, Valladolid

El mismo año en que se ponía en marcha el nuevo CaixaForum en Barcelona, en Valladolid se inauguraba el Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo Español, con fondos procedentes de la Colección Arte Contemporáneo, que abarca desde 1918 hasta hoy. El museo está ubicado en el Patio Herreriano, uno de los claustros del Monasterio de San Benito el Real. Tras la desamortización de Mendizábal el templo se convirtió en un cuartel, aunque hoy el espacio está compartido entre el culto católico y otras actividades. La política museística de adquisición permite al Patio Herreriano acercar a sus visitantes las obras de artistas consagrados como Elena del Rivero o Alfonso Albacete, con creaciones de talentos más recientes como el de Damián Ucieda y la magia fotográfica de obras como Hombre corriendo, fechada en 2008.

El paulatino deterioro del edificio del Mercado de Mayoristas de Málaga, a los pies de la desembocadura del Guadalmedina, fue el primer impulso para reconvertir el lugar en centro cultural, proyecto germinal del actual Centro de Arte Contemporáneo de Málaga que con creciente popularidad visitan más de medio millón de personas cada año. Ejemplo paradigmático de la arquitectura racionalista andaluza, el edificio fue concebido en 1937 por el arquitecto Luis Gutiérrez Soto tras recibir el encargo de diseñar el nuevo mercado de mayoristas de la ciudad. Entre 1944 hasta la década de los 80, el edificio cumplió su cometido hasta que la aparición del nuevo mercado malagueño lo condenó al olvido.

Como curiosidad, al igual que el edificio Casaramona, fue empleado como aparcamiento de coches de policía, poniendo en riesgo su distribución arquitectónica original. Tras su rehabilitación a finales del siglo pasado, abrió sus puertas en 2003 mostrando una colección que “permite realizar un recorrido por los diferentes movimientos y tendencias artísticas del siglo XX”, según presenta la propia institución. Buscan albergar también “un gran número de piezas de muy reciente creación” en “exposiciones que son renovadas periódicamente y que son ejemplo del paisaje ecléctico que conforma el arte contemporáneo de hoy”. Con obras desde los 50 hasta la actualidad, el peso internacional de la colección del museo late gracias a creaciones de Louise Bourgeois, Olafur Eliasson o Julian Opie, a lo que hay que sumar relevantes exposiciones, como la que presentó el pasado año la muestra inédita de Gonzalo Torné y Quico Rivas, Socios a cuatro manos.

En el lugar en el que hoy se alza el Guggenheim, a comienzos de los 90, no había ni rastro de la belleza y el talento que hoy encierran sus obras y su arquitectura

Museo Guggenheim Bilbao
Edificio Tulipanes Museo Guggenheim Bilbao
Edificio Tulipanes. Museo Guggenheim, Bilbao.

Imposible zanjar este recorrido por algunos –no todos- de los lugares que han descubierto una nueva vocación, un nuevo sentido, gracias al arte contemporáneo sin detenernos en Bilbao donde, como estandarte de la gran transformación de la ciudad, se alza el Museo Guggenheim del canadiense Frank O. Gehry. Si ha de resumirse lo que supone imaginar nuevos escenarios artísticos sobre lugares inverosímiles, basta recordar que en el lugar en el que hoy se alza el Guggenheim, a comienzos de los 90, no había ni rastro de la belleza y el talento que hoy encierran sus obras y su arquitectura, sino el aparcamiento de cientos de coches y el vagabundeo monótono de grúas, maquinaria y restos de mercancías propios del muelle portuario industrial que era. Hoy los responsables del museo sueñan con una ampliación, tras convertirse en uno de los tres museos más visitados de España, junto al Museo del Prado y el Reina Sofía y seguido por el CaixaForum Madrid y el Thyssen-Bornemisza.

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