David de Flores (Hellín, 1977) es artista visual, profesor de fotografía, ingeniero forestal y antropólogo. Está especializado en fotografía de paisaje, retrato y fotografía documental, realizando sus trabajos con cámaras de gran formato y fotografía analógica. En 2010 crea La Cámara Roja, un proyecto profesional en el que conviven la fotografía, la docencia y la impresión fine art.
En 2012 autoeditó el libro Diario, seleccionado en el Festival Pa-Ta-Ta y Photon Festival Noveles, y en 2013 publicó como coautor el libro Ouroboro, siendo el número 40 de los cuadernos de la Kursala. Este libro estuvo en la lista de los nominados al Premio Mejor Libro de Fotografía PHotoESPAÑA 2014. Su proyecto El Bosque Ausente, sobre los incendios forestales, fue seleccionado en Descubrimientos PHE 2017 y publicado en diversos medios de comunicación, como El País Semanal, entre otros.
Como artista con una formación científica ambiental, David de Flores utiliza la fotografía para reflejar su profundo vínculo con la naturaleza, donde le interesa explorar y profundizar la idea del paisaje mediante una interpretación más emocional y romántica del mismo, del que extrae valores como ser, supervivencia, sacrificio o resiliencia, entre otros.
Entiende la práctica fotográfica como la creación de vínculo con el territorio, en la que sus imágenes son puertas que se abren donde recuerdos, pensamientos y emociones fluyen en lo que el propio David denomina el paisaje emocional.
Contemplar el mar tiene un efecto narcótico, similar a contemplar las llamas de una hoguera: parece amable y hasta te invita a tocarlo, pero es una ilusión. El mar como el fuego, engaña cuando te confías porque puede aliviar, pero también puede abrir heridas profundas. El mar es símbolo de libertad y fuerza natural, de calma y tempestad.
Desde la orilla, el mar parece infinito, como el pensamiento que fluye en ese oleaje incontable en el que proyectamos nuestras vivencias, recuerdos, pensamientos o emociones, pero en ese devenir aparecen rocas, islotes y peñascos que, más allá de nuestra deriva mental, son lo que permanece, como el ser, lo que somos y lo que nos ancla al presente.
El Mar y el Infinito es una serie de obras creadas bajo la experiencia contemplativa del autor de estos paisajes marinos, convertidos en puertas que se abren para que pensamientos, sentimientos y emociones fluyan en la mente del espectador, conectando en un plano emocional y simbólico.
Con este objetivo, estas imágenes son fruto de una práctica artística basada en una forma de mirar mediante la reflexión profunda, contemplativa y emocional del territorio. Este proyecto nace ante la necesidad de divulgar y promover valores de respeto, conservación y sostenibilidad de nuestros mares y océanos, siendo un llamamiento a la fragilidad de estos ecosistemas y a la necesidad de su protección.