BIOGRAFÍA

Lidia Esther Díaz Gil nació en Arrecife (Lanzarote) en 1972. Desde niña se interesó por las artes plásticas, influenciada por el carácter especial que César Manrique infundió a su isla. A los 15 años recibió su primera cámara fotográfica y comenzó a introducirse en la magia y misterio del cuarto oscuro. Estudió Bellas Artes y se licenció en la especialidad de Grabado en la Universidad de Barcelona. Al terminar los estudios trabajó como estampadora en el Taller Línea, colaborando en la edición de obra gráfica de autores como Joan Hernández Pijuan, Jose Manuel Broto, Susana Solano, etc. Actividad que abandonó para viajar, conocer mundo y seguir estudiando. Finalmente encontró su vocación en la docencia y la investigación. Actualmente imparte clases de Proyectos fotográficos y Teoría de la Fotografía en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Gran Canaria. Un pie en lo analógico y otro en lo digital, así se podría definir la práctica fotográfica de esta autora. Se desliza entre el cuidado y la lentitud de los procesos fotográficos artesanales, el amor a los materiales y la versatilidad y agilidad del mundo digital. Con la mirada puesta en lo cotidiano, cuestiones como la identidad y la degradación del medioambiente, centran sus preocupaciones discursivas. En su proyecto ECO recrea los espacios exteriores e interiores de la planta solar de Pedro Barba, un pequeño pueblo de la isla de La Graciosa, generando unas configuraciones arquitectónicas ficticias mediante la yuxtaposición de vistas parciales y fraccionadas del recinto. Las vistas resultantes funcionan como metáfora de nuestra mirada contemporánea. Una mirada fragmentada e incapaz de percibir el mundo más allá de las pantallas. Una mirada que se recrea en lo puramente estético, que anestesia nuestra percepción y nos inmoviliza para generar cambios reales contra el cambio climático.




SOBRE LA OBRA


A principios de los años 90 se aprobó la instalación de una planta fotovoltaica en la pequeña localidad de Pedro Barba, en la isla de La Graciosa. Un proyecto pionero, financiado con fondos europeos, encaminado a fomentar el desarrollo sostenible de esta isla que forma parte del Archipiélago Chinijo, uno de los Espacios Naturales Protegidos de Canarias. Se creó con vistas a su futura ampliación y renovación, pero en menos de 15 años dejó de estar operativa y sus instalaciones fueron desmanteladas, poco a poco, víctimas del saqueo. Hoy en día se utiliza como vertedero. Apenas quedan restos de las estructuras metálicas que servían de soporte a los paneles solares. En su lugar se acumulan piedras, hojas de palmeras y restos de plantas muertas. En estos últimos años los titulares de los periódicos locales vuelven a hablar de un nuevo proyecto pionero de inversión público-privada que tiene como objetivo declarar la independencia energética de esta pequeña isla mediante la instalación de un sistema combinado de energías renovables.

Esta Serie: recrea los espacios exteriores e interiores de la planta solar de Pedro Barba, generando unas configuraciones arquitectónicas ficticias. Las vistas parciales y fraccionadas del recinto se yuxtaponen creando una falsa apariencia de realidad. Estos espacios engañosos funcionan como metáfora de nuestra mirada. Una mirada que se recrea en lo puramente estético, que anestesia nuestra percepción y nos inmoviliza para generar cambios reales.




Obras adicionales