La escafandra estratonáutica de Emilio Herrera
Un traje para explorar la estratosféra
La pieza expuesta en el Museo de OACI es una reconstrucción a tamaño real de la escafandra estratonáutica diseñada por Emilio Herrera en 1935, elaborada a partir de fotografías y documentación histórica.
Herrera concibió este equipo para realizar una ascensión científica en globo a más de 20.000 metros de altitud. Allí, la baja presión atmosférica y las temperaturas extremas hacían imprescindible una protección especial para sobrevivir.
Su proyecto contemplaba viajar en una barquilla abierta, desde la que podría tomar muestras y manejar instrumentos científicos. La escafandra debía cumplir sobre su cuerpo las funciones de una cabina presurizada: proporcionar oxígeno, mantener una presión adecuada y protegerlo del ambiente exterior, permitiéndole moverse y trabajar.
Cómo funcionaba
El traje combinaba varias capas con funciones diferentes. La prenda interior de lana proporcionaba aislamiento térmico. Una prenda envolvente de caucho retenía el aire. La prenda exterior era de tela de lona reforzada. Y tenía una envolvente red de cables de acero que limitaban su expansión, porque al aumentar la presión interior, el traje tendía a hincharse y dificultaba los movimientos. Incorporaba articulaciones con pliegues, semejantes a un acordeón, para facilitar la flexión de brazos, piernas y dedos.
El casco y la visión
El casco rígido se unía al traje mediante un cierre hermético. Su mirilla permitía observar el exterior y contaba con varios cristales destinados a proteger los ojos y filtrar parte de la radiación solar.
El acabado exterior reflectante ayudaba a reducir la absorción de radiación. Los instrumentos de control permitían vigilar las condiciones de presión y temperatura del equipo.
Respirar y comunicarse
Los conductos conectaban la escafandra con el suministro de oxígeno. El diseño también contemplaba un sistema para retirar el dióxido de carbono producido al respirar y una reserva de oxígeno para situaciones de emergencia.
Herrera previó, además, un micrófono en el interior del casco para mantener la comunicación por radio.
La escafandra reunía así protección, respiración y comunicación en un mismo equipo.
Preparación y comprobación de una versión de la escafandra en la Escuela Superior de Aerotecnia en Cuatro Vientos. Se aprecian el casco los conductos y los equipos auxiliares.
El reto de la temperatura
A gran altitud, protegerse del frío era esencial. Sin embargo, los ensayos pusieron de manifiesto otro problema: el calor que produce el propio cuerpo podía acumularse dentro de un traje cerrado.
Había que encontrar un equilibrio entre conservar el calor necesario y evitar el sobrecalentamiento. Este sigue siendo uno de los grandes desafíos de los trajes espaciales.
Un vuelo que no llegó a realizarse
La escafandra fue construida y sometida a pruebas para comprobar su comportamiento ante la baja presión y el frío. Herrera participó personalmente en los ensayos.
La ascensión estaba prevista para 1936, pero el comienzo de la Guerra Civil impidió realizarla. El equipo nunca llegó a utilizarse en el vuelo para el que había sido concebido. El original completo no se conserva.
Su lugar en la historia
La escafandra de Herrera se considera una precursora de los trajes espaciales modernos. Su importancia reside en haber reunido soluciones para mantener a una persona viva y capaz de trabajar en un ambiente donde no podía permanecer sin protección.
Aunque estaba destinada a explorar la estratosfera en globo, abordaba problemas que después serían fundamentales para la exploración espacial: respirar, mantener la presión, controlar la temperatura, moverse y comunicarse.
Esta reconstrucción a escala 1:1 permite acercarse a aquel proyecto y comprender el desafío al que Emilio Herrera trató de dar respuesta.

