HERRERA Y LOS GRANDES VUELOS
DE LA AVIACIÓN ESPAÑOLA
Carlos Lázaro Ávila
La conexión del ingeniero militar granadino Emilio Herrera Linares con los Grandes Vuelos de la Aviación Española es directa y fundamental, participando en ellos tanto como piloto protagonista, como ingeniero aeronáutico. Herrera sentó las bases técnicas, materiales y formativas que aportaron a los Grandes Vuelos realizados a partir de 1926 el material aéreo construido en España, creó instrumentos para facilitar el vuelo y promovió inventos de otros aviadores militares y civiles españoles que fueron cruciales para el avance de la aeronáutica nacional e internacional.
1. HERRERA, PIONERO DE LOS GRANDES VUELOS
El 14 de febrero de 1914, Herrera, en compañía de su compañero José Ortiz Echagüe, quiso realizar la travesía aérea del estrecho de Gibraltar y batir el récord de distancia. Ambos aviadores estaban destinados en el aeródromo de Tetuán y emplearon el pretexto de llevar un mensaje del general José Marina, Alto Comisario de Marruecos al rey Alfonso XIII que se encontraba en Sevilla. La travesía aérea la hicieron en un ligero monoplano Nieuport en cuya cabina descubierta soportaron el viento de cara que ralentizó su avance, no disponían de instrumentos de navegación y se guiaron mediante la observación de los accidentes geográficos. Al sobrevolar Gibraltar, los artilleros británicos intentaron elevar al máximo el ángulo de sus cañones, pero no pudieron dispararles. Herrera y Ortiz Echagüe lograron aterrizar sin problemas cerca de Tablada (Sevilla) y por la proeza aérea el rey Alfonso XIII les nombró Caballeros Gentilhombres de Cámara. La exitosa unión aérea entre Europa y África fue un antecedente de la importancia técnica y militar que tendría la aviación cinco meses y medio antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, contienda donde la aviación iniciaría un desarrolló exponencial y arrebataría a los dirigibles el dominio del aire.
2. LOS ESTUDIOS METEOROLÓGICOS DE HERRERA Y SU IMPORTANCIA EN LOS VUELOS TRASATLÁNTICOS DEL PLUS ULTRA (1926), JESÚS DEL GRAN PODER (1929) y CUATRO VIENTOS (1933).
Después de la Primera Guerra Mundial, influido por los éxitos alcanzados por los dirigibles alemanes, Herrera se planteó la posibilidad de establecer una ruta aérea comercial transatlántica con dirigibles en la que la meteorología jugaba un papel esencial. A principios de la década de los años 20, el ingeniero militar granadino era el máximo experto en las condiciones meteorológicas del Atlántico y sus conocimientos fueron empleados por la tripulación del Dornier Wal Plus Ultra liderada por Ramón Franco que en 1926 hizo un vuelo directo entre Palos de Moguer y Buenos Aires a través del Atlántico Sur. Dos años más tarde, los estudios de Herrera fueron aprovechados por H. Eckener para establecer una línea aérea comercial con dirigibles Zeppelin que enlazara Friedrichshaffen y Nueva York a través de Sevilla (Herrera fue el segundo comandante del viaje trasatlántico del Graf Zeppelin en 1928) y más tarde conectara Europa con América del Sur. Los estudios meteorológicos del Atlántico fueron tenidos muy aprovechados en 1929 por los aviadores de Ignacio Jiménez y Francisco Iglesias en su vuelo Sevilla – La Habana atravesando América del Sur a bordo del Breguet Jesús del Gran Poder, así como por Mariano Barberán y Joaquín Collar que volando el Breguet Superbidón Cuatro Vientos hicieron el trayecto directo entre Sevilla y Camagüey (Cuba) en 1933.
3. HERRERA Y EL DESARROLLO TÉCNICO, INDUSTRIAL Y ACADÉMICO DE LA AVIACIÓN ESPAÑOLA
Además de su intervención personal como piloto o sus estudios meteorológicos, Emilio Herrera contribuyó a los Grandes Vuelos sentando las bases del despegue tecnológico y material, así como perfeccionando la formación de los miembros de la aviación española. Este ingeniero militar pensaba que, antes de la producción tecnológica, se necesitaba una profunda investigación científica. A partir de 1918, Herrera se centró en la investigación de la ciencia aeronáutica para proporcionar a la Aviación Militar española las bases de su futuro desarrollo, ya que pensaba que, antes de iniciar la producción tecnológica e industrial española, era necesario un profundo estudio científico de la ciencia aeronáutica. En este sentido, puso en marcha el Laboratorio Aerodinámico de Cuatro Vientos para poder ensayar aviones y motores españoles en un innovador túnel de viento que él mismo diseñó. Gracias a estas bases científicas y técnicas, surgieron aparatos y motores que protagonizaron grandes hazañas aéreas, como el Breguet XIX Jesús del Gran Poder, o el Breguet Gran Raid nº 71 con el que Carlos de Haya y Cipriano Rodríguez batieron tres récords mundiales de velocidad en circuito en 1931 y, un año más tarde, culminaron el raid del vuelo directo Sevilla- Bata (Guinea). Asimismo, los ensayos realizados en el túnel aéreo de Cuatro Vientos permitieron a Juan de la Cierva perfeccionar el invento del autogiro.
En el aeródromo de Cuatro Vientos y sus instalaciones (Laboratorio, Túnel de Viento, Escuela de Observadores, Escuela de Mecánicos) se empezó a formar una generación de notables aviadores. Además, Herrera siendo consciente de las limitaciones de espacio que un aviador tenía en la cabina de un aparato para poder trabajar con mapas e instrumentos, patentó en 1932 un enorme avance para la aviación española y mundial: la regla de cálculo, un instrumento analógico utilizado por los pilotos para resolver rápidamente problemas matemáticos para cálculos de navegación, tiempo, velocidad y distancia. Las aportaciones de Herrera promovieron la inventiva de aviadores como Haya, que patentó en 1931 una regla de cálculo de vuelo que permitía a un aviador calcular tiempo, velocidad y distancia en un aparato. Haya la empleó con Rodríguez en su vuelo directo Sevilla-Guinea (diciembre de 1931) y también sería usada por Barberán y Collar en el vuelo del Cuatro Vientos (1933).
Asimismo, Herrera no dudó en promocionar la investigación entre pilotos civiles y militares para la realización de vuelos y la creación de instrumentos aeronáuticos como el integral giroscópico u horizonte artificial de Haya, instrumento que sería indispensable en los años siguientes para los vuelos sin visibilidad. Toda esta labor de promoción material y formativa de la aeronáutica española sería culminada por Herrera con la creación de la Escuela Superior de Aerotecnia en la que profesores civiles y militares sentarían las bases de la ingeniería aeronáutica española y formarían a los futuros ingenieros aeronáuticos españoles anteriores a la Guerra Civil. Por último, Durante su exilio en París, Herrera, debido a su interés en mejorar y simplificar la navegación aérea, inventó el flexicalculador, aparato mecánico que servía para resolver con rapidez funciones matemáticas complejas e integrales elípticas, así como un sistema de doble proyección, cilíndrica y polar, con el que se podía resolver el problema de determinar la distancia mínima entre dos puntos del globo terrestre.